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Charla con Leonardo: confesiones de amor por la naturaleza

Andrés: todo mp3 en la pc,  Grooveshark cada tanto. Recuerdo cuando iba a la escuela 2 en bondi, cuando iba por calle Dunant antes de llegar a Ventura Alegre, donde ahora están esos dúplex, hay una palmera grande. Antiguamente había una casa abandonada. En frente, sobre Ventura Alegre hay una parada de bondi. Ahí estaba escrito con aerosol negro, “depeche mode” y abajo de eso decía “dario chino”. Siempre me quedó grabado ese graffiti. Cuestión, un día supe lo que era cuando Noe me “regalo” la canción Enjoy the silence. 

– Leonardo: ahh qué loco  y qué temazo. ¡Esa esquina! ¡Esa casona! En mi memoria… esa casa abandonada era como la de Psicosis o los Locos Adams. ¿Así la recordas vos? ¿O la deforma mi memoria?

– Andrés: ¡Tal cual! la de los Locos Adams.

– Leonardo: era como vieja, polvorienta, desolada, tablones de madera.

– Andrés: era un misterio verla desde el bondi. Ver pájaros apoyarse en los vértices de los techos de chapa acanalada. Luego tiraron todo e hicieron esos gallineros para gente. Cada tantos meses ando por ahí y veo la palmera y pienso en que nunca la saquen de ahí.

– Leonardo: its evolution baby. Sí, odio cuando tiran árboles muy viejos. Mi abuela tuvo que tirar su palmera, porque se estaba cayendo. Pero fue un bajón, fue un pedazo de la infancia que se fue con la palmera, ja!

– Andrés: es increíble como los recuerdos se asocian a cosas, que uno no les da bola hasta su ausencia. Y con respecto a las plantas te voy a decir algo que leí de un libro de un arquitecto cubano. Dice así “con respecto a sacar un árbol. Primero se debe pensarlo. Segundo se debe volver a pensarlo. Y por último se debe dejar  el árbol ahí y pensar en modificar el entorno y no el árbol”.

– Leonardo: ¡Qué grande! Sí, depende del árbol también… hay algunos que crecen rápido, como los frutales, esos no me dan tanta lástima.

– Andrés: en mi casa de Padua pasó lo siguiente. No teníamos árboles. Un día, Maria del Carmen, la mamá de Bárbara, que era muy amiga de mi vieja le regaló una planta. En esa planta venían semillas de Paraíso, de la quinta de ella. Cuestión en casa comenzaron a crecer paraísos por todos lados. Dejamos dos.

– Andrés: De pronto, en 10 años,  teníamos la mitad del terreno tapado por esos árboles, en verano había una diferencia de 8 grados menos de temperatura abajo del árbol que al sol directo, un verdadero paraíso. En invierno era divertido barrer millones de hojas amarillas,   el color del cambio de las estaciones, hermoso. Pero que pasaba, raíces de esos árboles y la mala ubicación o mejor dicho cercanía con paredes de vecinos hizo que tengamos que sacarlos. Una locura cometimos. Sacamos los árboles. Volvió el desierto.

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Nuevos paraísos que me acompañan en estos nuevos horizontes en algún barrio de Buenos Aires.

Escrito:

01-07-2011 – 11:00hs – Temperatura : 7.9°C – Viento: Sudoeste 9 km/h – Humedad: 41% – Lugar: eter cibernético

Datos: Leonardo Panthou, Barbara Lecca, Maria del Carmen Gonzalez, Escuela Nro 2 Jose Manuel Estrada, Noelia Sinardi

 

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Un comentario sobre “Charla con Leonardo: confesiones de amor por la naturaleza

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