Blog Andres

Flotación Paranisiaca

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“Está muy bien, tal vez necesite más reflexión sobre eso”, pensaba ella en voz alta y seguía pensando para su interior a la vez. Pasaron unos segundos y agregué:  Yo cambiaria mucha reflexión por baguettes en una plaza franchute. Mirando la torre en silencio. Ella se dio vuelta y agregó: Con sol y un poco de calor.

Y de pronto estábamos acostados en el piso. Con olor a primavera y ella un vestido, donde sus pies cortaban la horizontal de un pasto cortado con precisión. El poder de la mente, es increíble. Tan solo estábamos ahí.

Su reflexión continuaba por  pensar que esto puede reproducirse en cualquier momento, en otra parte del mundo. Pero hoy, estamos acá  y no hay olor a primavera, ni sol, ni calor, ni vestido. Justo, en este momento se está bocineando en la puerta de casa. Un ruido fuerte de mis dedos reproduciendo un chasquido hipnotizador la volvió a flotar. La visión salió de ese atascamiento de automóviles porteños y de pronto hay miles de flores alrededor de la torre, el vestido es blanco con flores y corto hasta la rodilla. La bebida light esta fría y la baguette tiene mucho queso. Se huele azahar. Mi cabeza apunta al sol y la coronilla se ilumina. La sombra proyectada en mi cara me deja mirar lo torre y hacer foco en la baguette que está fresca. El pasto es amable con los cuerpos. Son las once de la mañana en Paris y el viento aumenta la fuerza y el rostro acusa recibo

La torre es el símbolo del acuerdo entre partes, todos miran hacia el mismo lado. En cambio la complicidad es hacia el costado y con el otro. Su hombro publica una peca más y está perfecto. Aun no es el hombro de los cuarenta en Sorrento, Italia, que es un futuro que no ocurrió, sino que es el hombro del hoy.

La bebida se va terminando pero no concluye el viento que zarandea las flores, y las del piso también. Miramos un mapa de la bahía de Nápoles y el veredicto es que el mejor plan es seguir tirados en Camps de Mars. Camps de Mars. Oui. Esta flotación de palabras parisinas se filtra en las neuronas rozando la razón. Lo pasare por la licuadora en algún  momento. Hoy lo disfruto y guardo tal cual lo tomo. Me gusta Paris, el café, la Torre Eiffel , el sol, la brisa, la baguette, los profiteroles y los abrazos. Mi poder de encriptación y figuratividad hará buen recuerdo, pensaba para mis adentros.

Han pasado ya dos horas, y ningún vendedor de bebidas pasa cerca. Es que no estamos de turistas, por lo cual estamos en otro tiempo y frecuencia. Estamos ahí. El sol comienza a invitarnos pasar a la sombra. Un frondoso jacaranda violáceo sonríe y dice “jet mets”  con un cartel en sus raíces que dice ” disponible litière de feuilles”. No hay mejor nuevo plan.

El cuerpo vertical se aploma en los pies. Extiendo mi mano libre, ya que la otra tiene una botella vacía. Desde el suelo otra mano completa el cuadro. La sombra se proyecta como una sola línea. Su otra mano ocupada con el mapa dificulta correr el pelo que con un resoplido resuelve. Seguido de una sonrisa con mueca. La vista gira al árbol. Hacia allí vamos.

Sentados en una raíz grande, la sombra es un templo venerado. La torre quedo a vuestra derecha pero sigue ahí, en nuestra mente. Se ve pasar lejano un vendedor de bebidas, pero la devoción por la frescura del jacaranda orbita más cerca e influye. Todo lo hace, la sombra, el olor a azahar de la brisa, el perfume de los parisinos…

La mirada en equipo observa los pies, pero antes hace foco en las manos complementadas. Una gota de rocío acumulada en las alturas del árbol precipita en su antebrazo, la sorprende e intenta mover el mismo. Pero queda inmovilizado ya que mi mano la sostiene. Indicando con gran sutileza que podemos sobrevivir solos bajo la lluvia, y si estamos acompañados se puede vivir.

Que increíble que pueda inspirarme en un subte húmedo y apelmazado de gente con olores diversos, una imagen residual del mundo mismo en otras latitudes. También pensaba. Y emergían reflexiones sobre que por eso que siempre evito que me den una camioneta del trabajo. Así perdería mis tiempos de transporte público. Vitales para mi mente. Un chasquido de  Geoge Clooney en un publicidad Nesspreso me invita a tomar café. Si, muchas ganas de tomar café. El Nesspreso de Champs Elysses, también genera eso. Ganas de inyectarse café por intravenosa.

Al no permitirte el acto reflejo, se dispara un segundo y su cabeza gira a la derecha por sobre el hombro. A contraluz se revela su rostro de consulta e indaga sobre la situación. La abrazo por detrás para aclarar la situación y ambos reímos al unísono.

Oui.

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