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Trending topic: Festival de Jesús María

290132_10150340848419484_1684649229_oAquí se ve en el fondo de la fotografía, esa casa donde los pastos eran casi tan altos como yo para luego dejarlos bajitos casi al ras del suelo, a la altura donde este gato, juega en los pasillos de la casa de mis abuelos en Castelar, provincia de Buenos Aires.

 Reportando desde el espacio-tiempo de la memoria:

 “…de chico, en un mes de enero, frecuenté la casa de mis abuelos más de lo normal, por ahí en zona oeste. Me quedé a dormir varias semanas. Mi abuelo no andaba bien de una pierna y tenía compromiso con cortarle el pasto a la casa de enfrente. La cual cuidaba. Su nieto, yo, sería quien lo reemplazara en trabajo y cobro de la paga. Doble turno. A la mañana hasta el mediodía, donde cortaba para comer unas ricas milanesas con arroz que hacía mi abuela. Luego, debía a la siesta para no quedar como la oveja negra de la arriada familiar. Silencio cósmico, realmente en esas horas donde el arranque de la heladera y el tic-tac del reloj a cuerda, eran los únicos relatores en esa casa. El paso de un colectivo solitario corría la frecuencia de repetición, para variar un poco la escena. Seguía un segundo turno tarde-atardecer. Cortando a las 19hs, supervisión de mi abuelo para ver si venía agarrando bien o mal el uso de la azada, para luego bañarme y a cenar. Mis abuelos, originarios de La Pampa fértil y despoblada de esa Argentina granero…

Pasada la cena, como insectos que se pegan a una luz en medio de un camping nosotros mirábamos esa TV de 19” ByN, donde la transmisión del festival Jesús María, por canal 7, era el salvo-conducto mental, que aliviaba a ellos, creo, en esa vida nueva que adoptaron en la urbanidad de Buenos Aires. Mi abuelo “Papo” decía: “lo agarra mal, lo agarra mal, se va a la mierda” y al instante de soltar el caballo, el domador…se iba a la mierda. Era brujo y veía el futuro inmediato o se acordaba de cómo manejar un caballo mal aprendido. Bueno, yo acompañaba esa velada, con un vaso de 7up, pan y salamín. Los payadores casi quietos como figuras bíblicas recitaban enseguida la proeza o no del domador. No tenía juicio alguno, pero de apoco se iba filtrando como agua en la roca, esa gambeta gauchesca en el relato instantáneo. Aprendía a tocar la guitarra, sin haberlo tocado alguna, al momento. Aprendía a observar.

Al otro día, desayuno. Mi abuelo, cebolla, ajo, salamín y un vaso de vino (no tenía amigos… ni enfermedades). Yo, leche con galletitas. Bueno, esas dosis de Jesús Maria, domadores, payadores y cortadas de pasto ,me enseñaron el dinamismo ante la incertidumbre de nuevas situaciones. Como venir de esa calma reflejada del caballo al lado del palenque, para que velozmente en una fracción de segundo, el contexto cambia, y uno debe cambiar. Para seguir…”

Desbordado de la memoria un once de enero del año 2013

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En estas llanuras y tranqueras, todo comenzó entre mi abuela Catalina y mi abuelo Pedro, por esos pagos de Quetrequen y Parera, La Pampa.

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