Proyecto socioambiental Sin Alambrados

Bio-Revolución

Las tierras pampeanas nos reciben para cobijarnos del frío del otoño pero también para ofrecernos un tiempo de reflexión.

Durante estos últimos tres meses en la Provincia de Buenos Aires, hemos participado de diferentes actividades, charlas, jornadas donde el eje central fue la salud. Rápidamente cuando uno piensa en salud,  piensa en la salud como sinónimo de bienestar físico, mental y social del ser humano. Pero la salud es un concepto que va más allá, y que incluye a todos los seres vivos. Es así, que desde Sin Alambrados, vamos a hablar de la salud humana y de la salud ambiental.

16 de marzo

2° Jornada de Agroecología- Bolívar

17-18 de marzo

Taller de Agroecología- Tandil

7 de abril

IV Jornada de Salud, Nutrición y Soberanía Alimentaria- Capital Federal

7 de junio

Jornada FINCA en 17° Festival Internacional de Derechos Humanos- Capital Federal

Las actividades que nos han hecho movernos por la provincia bonaerense nos han dejado diversas reflexiones pero que todas desembocan en el cuidado de la salud para poder seguir coexistiendo.

Un colectivo que te deja bien

Empezamos compartiendo, en los comienzos de Marzo,  la jornada realizada por el Colectivo Tierra Viva Bolívar que constó de tres partes: visita a La Primavera, charla de Eduardo Cerdá y presentación del libro “Argentina Fumigada” de Fernanda Sandez. Se inició con la visita al establecimiento La Primavera, en Pirovano, pueblo ubicado a menos de 70 kilómetros de la ciudad cabecera. Caminamos el campo y dejamos en claro que es una experiencia de producción agroecológica en transición. En transición, como consideramos que tiene que ser la conversión de los campos que actualmente trabajan con la agricultura del modelo dominante actual, industrial; ya que es un proceso lento para que el productor tenga confianza en estas prácticas más naturales, amigables con la salud humana y del ambiente, sin uso de agroquímicos. El aspecto transitorio propuesto es debido a su correlación con un aspecto desde el estado consiente del individuo y sus acciones. El asesor de este establecimiento es el Ingeniero Agrónomo Cerdá, ya mencionado en el post de Sin Alambrados (ver: Segunda Semana de la agroecología). En la recorrida grupal por La Primavera, afirmó que la “Agroecología es el camino hacia la agricultura sustentable”, y estamos de acuerdo. Observamos las parcelas: vicia, trigo, soja, trébol, todos los cultivos sin químicos, creciendo en armonía unos con otros. El monocultivo (sin yuyo) es una “visión estética moderna”, remarca Cerdá. Debemos volver a ver el campo como un sistema ecológico, con todas sus interacciones, sin descuidar la salud del suelo, sus microorganismos, la microfauna y la flora y fauna asociadas a él.   Es la salud de la tierra la que devuelve alimentos saludables. Una frase que quedó resonando en nuestras cabezas fue la definición que le dio el ingeniero al cordón biológico, que él como asesor sugiere realizar entre parcelas, “el campo se está expresando.”

Participantes de la jornada recorriendo La Primavera.

Desde Sin Alambrados, sugerimos a todas aquellas personas que quieran volver a ver su campo diversificado, con policultivo, con lombrices en su tierra, que no duden en iniciar la transición, ya que es un cambio lento. Como explica en sus clases José Paruelo (Ing. Agrónomo, M.Sc. Área Recursos Naturales, investigador del CONICET),  nunca se podrá volver al estado inicial de un ecosistema, el sistema prístino antes de la agricultura, pero si se puede lograr acercarse al funcionamiento ecosistémico inicial. Podemos idear un sistema de referencia, definir  hacia donde queremos que nuestro campo evolucione. Lo más sano para el ambiente y para las generaciones futuras es hacia la agricultura sustentable.

Huerta: aula sin sillas

Al día siguiente, marchamos para la ciudad de Tandil al Taller de Agroecología a cargo del Ingeniero Agrónomo Javier Souza Casadinho (UBA, CETAAR/RAP-AL) y con  la participación del Ingeniero Claudio Lowy (Bios). Fue dictado en el Centro Cultural La Compañía y organizado por Bios. Los objetivos del taller fueron generar un espacio de discusión sobre las problemáticas ambientales y globales vinculadas a la producción agraria, así como también analizar las alternativas productivas agroecológicas, su viabilidad técnica, económica, ambiental y social, y también dar acceso a la visión integral de la agroecología y de la distribución de su producción.

Souza comienza su disertación definiendo la agroecología como un sistema integral, que es algo que nos gustaría remarcar, que no solo implica no utilizar agroquímicos sino que es un sistema que interacciona lo natural, lo social, lo cultural, lo productivo y lo espiritual.  Y por eso, alejándonos de tecnicismos y ciencia profunda, la vinculación de las personas en cada una de estos eventos, devuelve mucho más que recetas precisas de cómo hacer y obtener tal cosa. Y si de fórmulas hablamos, tras escuchar sobre cantidades aplicadas de agroquímicos en el modelo predominante, entendemos que las recetas de cómo hacer un buen uso de los recursos están dadas por la naturaleza. La verdadera y sana receta.

Cuando elegimos cómo actuar sobre la naturaleza y le hacemos daño, sufrimos la ansiedad de realizar nuestras elecciones en desquicio y llamamos al caos descontrolado alrededor. Para luego darnos cuenta que no debíamos realizar nada, quizás. Si requerimos abogar por más, por acumular, por mejorar rendimientos en cada aspecto de la forma de vivir, en cada objetivo a alcanzar o producciones que cosechar,  es porque hemos olvidado la búsqueda de lo menos, el camino al ascetismo, que da el equilibrio con el entorno.

En el ida y vuelta de hacer o no hacer, otras dos características y estados naturales, la vida y la muerte, danzan en equilibrio recíproco de una forma que aun el humano no comprende bien, a pesar de andar jugando y experimentado con ambas. De esas observaciones de interacción en micromundos del suelo encontramos con que la vida crea y luego mata, la vida permite la muerte permanente. Lejos estamos de comprenderlo en otros macromundos, como el nuestro donde pocas veces aceptamos que en diversos casos la muerte da vida a un grupo familiar sacándolo de un letargo de interacción de y entre individuos. Reconocemos necesario que el paradigma de vida este dado entre la vida y la muerte, tanto en el suelo como en la sociedad, pero de la forma natural que brinda el universo. Y lejos queremos las formas de producir y vivir que lleven estas variables como objetos, commodities y sean bienes de la mercadotecnia.

Sentimos y vivimos a la agroecología en un camino necesario para reestablecer ciclos y flujos que reestablezcan los microorganismos, la fertilidad y biodiversidad. Otros caminos que llevan a la misma propuesta es la permacultura, que propone el uso eficiente de la información e imaginación para un lugar dado. Desde Sin Alambrados remarcamos a menudo que en donde se generan las preguntas están las respuestas así evitamos de estar siempre actuando disociado, y terminando en que le ponemos nombres nuevos a los problemas de siempre.

El taller termino en su segundo día con la visita a una producción agroecológica, de pequeña escala. Fue la visita a la huerta familiar de Federico y Adela. Ubicada en el fondo de la casa de ellos, en la zona periurbana de Tandil, cuentan con un espacio dedicado a cultivar de 10mts de ancho por 40 mts de largo, desde ya hace 4 años. Allí tienen dos invernaderos, una compostera y diversos espacios al aire libre, cultivan hortalizas que alimentan a 7 familias (25 personas).

Federico muestra las lombrices de su compost.

Miramos a esta pareja y entendemos que la huerta es un aula sin sillas y hoy nos toca ser alumnos. Lo primero que recibimos es una propuesta simple y efectiva; para hacer no se necesita nada más que voluntad. Federico fabrica sus herramientas para labrar la tierra, reutilizando materiales que sin un nuevo uso, tienen como camino final la basura. Adela cuenta como realizan pesticidas e insecticidas naturales, como el purín de ajo. También fertilizan a la tierra de forma sana, por ejemplo deshidratando cascaras de banana para aportar potasio. Y su compostera la alimentan con las cenizas de un incinerador dedicado a quemar todo tipo de plantas secas y maderas sin utilidad. Preferentemente, riegan con agua de lluvia y para ello tienen dos tanques en el piso donde concentran los pluviales de los techos de los invernaderos. La sostenibilidad de la riqueza genética de la salud de sus plantas se basa en contar y generar con sus propias semillas. El fondo de su casa provee también la farmacia que requieren ante algún altibajo de salud, proveyendo el calcio para los huesos que se encuentran en la cascara de huevos que son intercambiados con otros vecinos por productos de su huerta, o de las barbas de choclos que terminan siendo un excelente diurético en la ingesta mediante infusión.

Comer mal mata

Viajamos a Capital Federal unos días después y participamos de la IV Jornada de Salud, Nutrición y Soberanía Alimentaria en la Facultad de Medicina de la UBA. Durante la jornada participaron reconocidos profesionales expertos en salud y alimentación que disertaron sobre la actual problemática vinculada a la malnutrición, el nocivo sistema de producción de alimentos actual y los caminos para su resolución.

Lo que no anotamos en nuestros cuadernos pero no dejamos de mencionarlo, es aquello que explicó Dr. Julio Montero (Director de la Escuela Posgrado de Obesidad, Síndrome Metabólico y Trastornos Alimentarios. Asesor Científico del Centro de Asistencia, Docencia e Investigación de SAOTA). La alimentación actual está dejando rastros no comúnmente visibles, está alterando la composición de la membrana celular, alterando la membrana fosfolípida. “Estamos cambiando cosas que no están programadas en el programa del universo”, afirmó y agregó: “El genoma no se reconoce en el ambiente cambiante. Como dos actores que no reconocen la obra al cambiarles el escenario”.  Charles Darwin hablaba de Selección Natural, cómo una especie evoluciona mediante la adaptación a su medio ambiente y que puede ser causante del origen de nuevas especies.   A veces, estas reflexiones nos llevan a ideas apocalípticas y/o dramáticas, pero que, a pesar de no ser biólogos, genetistas, ni expertos en la materia, no nos parece absurdo que en poco tiempo hablemos de mutación en el genoma humano por el uso de agroquímicos o el consumo de alimentos ultraprocesados con tantos “antes” (conservantes, emulsionantes, colorantes, saborizantes, etc.). No nos parece, entonces, ilógico que venga otro Darwin y nos hable de, por ejemplo, “Selección industrial”. Pareciera que antes, la especiación era más natural. Pero, ¿Por qué nuestro cerebro no nos alerta? El Dr. Montero explica que tenemos el aparato sensorial gobernado: “los radares no funcionan porque están confundidos y manipulados por los que gobiernan la sensibilidad.” Hablamos de un patrón cultural.

Conectando con ello, la disertante Mg María Cucutchet (Presidente Asociación Uruguaya de Dietistas y Nutricionistas) hablo de la necesidad de un cambio cultural, donde la alimentación sea dada por el alimento y no por los comestibles ultraprocesados. Para ello propone que en primera instancia debe existir un Sistema de Advertencia. En la materia de sistemas de advertencia continuó aportando el Dr Sebastian Laspiur (Representante OPS/OMS en Argentina en Enfermedades no Transmisibles). Sentimos que emerge una tendencia a mejorar los etiquetados de los productos, como si tan solo el hecho de advertir al consumidor sobre qué va a ingerir, evita problema alguno en su salud. Así se escurre el agua entre los dedos y perdemos el tiempo en debatir, desarrollar y elegir el sellado de productos que de base no debemos consumir. Con todo lo etiquetado pretenden dar un manto de piedad a los ultraprocesados que es el alimento de los zombis, tratando de ocultar una verdad: la de que “comer mal mata”, afirma Laspiur. Somos rehenes y conscientes a la vez, ante un grupo de adversarios muy poderosos que vienen trabajando en sociedad hace siglos acorralando el accionar como individuos. Para tener libertad debemos tener autonomía y fuerza mental como jamás imaginamos si nos referimos a alimentación.

Alternativamente el Dr. Fabio Gomes Da Silva (Asesor de Nutrición y Actividad Física en Enfermedades no Transmisibles de OPS/OM) propone que busquemos “la epidemia de guisos”, utilizando los mismos mecanismos masivos que se usan para imponer los ultraprocesados. Concluye que para comer de verdad es necesario saber la verdad de la comida, paso fundamental para un nuevo despertar hacia la toma de nuevas elecciones.

El extractivismo desmedido de recursos que se manifiesta en cada punto del planeta, nos trajo a una realidad donde ha sido sobrepasada la capacidad de carga del mismo. El reemplazo de los tiempos de la naturaleza por los tiempos del mercado, como lo vemos desde nuestra óptica, ha llevado a cometer los delitos hacia el ser humano en silencio. Para esta parte del mundo, Fernanda Sandez (Periodista y autora del libro “La Argentina Fumigada”), expone explícitamente a esas realidades de los silenciados, esas comunidades y personas que han sido y son víctimas del mercantilismo extremo. Luego de recorrer el país durante siete años acercando el oído para que se haga palabra el ahogo de muchos, muestra una realidad que duele. Muerte y enfermedad son dos resultantes del modelo global de esta supuesta alimentación.

El Dr German Burguener (Médico, Integrante del Instituto de Salud socioambiental de la Universidad Nacional de Rosario) recalca que para cambiar las realidades, como las expuestas anteriormente se debe cambiar la fuente de consulta y acción, proponiendo que las soluciones no vengan del establishment sino de las personas que hacen las cosas distintas. Y el esfuerzo debe estar dado en la coordinación de todos esos actores que ya están en escena y son la nueva realidad, del nuevo paradigma que requerimos como humanos. Burguener dice que no se puede hablar de dosis aceptables sobre elementos que no deben circular en el organismo. “Los tristes, los dañados y los muertos los pone la comunidad”, concluye el doctor. A esto, la realidad de los pasillos del emblemático hospital, la Lic. Mercedes Mendez (Enfermera de la Sección de Cuidados Paliativos del Hospital Garrahan) resume en catarsis: si se controla no habría modelo. Tajante y contundente refiriéndose a todo el sistema de salud, industrial y comercial del país.

En una videoconferencia, el Dr. Raj Patel (economista, autor de “Obesos y Famélicos”) expone diversas experiencias y realidades de comunidades en lo que respecta a la obtención de alimentos que nos deja vibrando nuestro interior en una reflexión profunda. En la experiencia de voluntariado que hemos realizado en el litoral de nuestro país (ver: La Tierra Sin Mal), hemos podido comprobar y tener la vivencia de circuitos más cortos y precisos de obtención de alimentos, donde la compra para la mesa debe ser lo más directa y se debe llevar bajo la premisa de: hoy como lo que la tierra pudo proveer. Por ello consideramos que las bases de la soberanía alimentaria no están dadas por recetas sino por principios.

La jornada finaliza en una mesa de productores argentinos que trabajan y viven la agroecología en sus territorios. Abre la misma el señor  Juan Khier (Establecimiento “La Aurora”) del sur de la provincia de Buenos Aires, con más de 30 años de experiencia en tratar al suelo como debe hacerse. Khier concluye que la única forma de alimentar el suelo es a través del humus. Si el suelo está sano, el alimento que cultivaremos estará sano y al consumirlo nuestro cuerpo estará sano. Es una cadena posible y necesariamente urge activarla hoy en día. Un aporte importante en esta mesa fue de parte de Remo Vénica e Irmina Kleiner (Establecimiento “Granja Naturaleza Viva”). En sus tierras es posible sentir y vivir algo buscado como es la soberanía alimentaria.

Ya para esta instancia, nuestras emociones están a flor de piel. Nos sentimos parte de esta revolución.

Aula Magna de la Facultad de Medicina, UBA.

Medicina preventiva

Recordamos que en Bolívar, Fernanda Sandez nos hablaba de su viaje a los pueblos invisibles de nuestro país, un recorrido por las cosas que ya se han logrado y las que aún faltan. En el Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos, participamos de la jornada FINCA realizada en la Facultad de Medicina de la UBA. Seguimos debatiendo cómo podemos, entre todos, mejorar lo que sucede. Porque nunca debemos olvidar esos “pueblos invisibles” y evitar que haya nuevos.  Así cada disertante nos fue planteando estrategias frente al sistema agroalimentario global y el impacto local. Maró Guerrero (directora de la Fundación Desarrollo y Autogestión en Argentina) se focalizó en el trabajo infantil, afirmando que más del 60% de los niños que trabajan lo hacen en agricultura. A partir de estos, se pregunta sí existen peligros para aquellos niños que trabajan en torno a la Agricultura Familiar. Maró sugiere que, en ese contexto familiar, donde el niño trabaja pero a su vez está conectado a la madre tierra, para que no haya peligros el trabajo debe ser racional, informativo, educativo y consiente.  Silvia Papuccio de Vidal (doctora en Recursos Naturales, especialista en género, ambiente y alimentación, Fundación ECOSUR y Escuela vocacional de agroecología de la Granja La Verdecita) fue la segunda disertante. La ecofeminista española nos deja un mensaje claro: “La alimentación es un derecho, no un negocio.” Para ello, su propuesta ante este modelo productivo mundial es, y lo dice con énfasis, poner el cuidado de  la vida en el centro de cualquier debate. Silvia Ribeiro (investigadora y coordinadora para América Latina del ETC GROUP – Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración) se focalizó en que su estrategia frente al sistema agroalimentario global y el impacto local es: derrumbar mitos. “La agricultura industrial no nos alimenta, no alimenta al mundo. El 70% de la población mundial se alimenta de los pequeños productores”, afirma.

Repasando todo lo expuesto, desde los grupos de personas en la Provincia de Buenos Aires reuniéndose para fomentar la agroecología en sus pueblos, la huerta de Federico y Adela, las opiniones de médicos especialistas en nutrición, los profesionales en derechos humanos defendiendo el derecho a la vida, las mujeres y hombres convencidos de la necesidad de un cambio, hasta los impactos de este modelo agroalimentario dominante y tóxico sobre el medio ambiente; desde Sin Alambrados pedimos resistir como esas semillas nativas incuestionables que nos daban salud y empezar el cambio.

     “Nuestro planeta no necesita más gente exitosa, sino pacificadores, sanadores, restauradores, educadores, promotores de principios y valores, y de derechos humanos. Personas de buena voluntad que conduzcan con razón y humanismo

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s